La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXIII

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Al pasar las semanas notamos un repunte en las operaciones en el área del oriente Venezolano, la actividad era intensa, teníamos trabajos con LagoVen y con CorpoVen, ambas compañías de PDVSA, la compañía matriz petrolera estatal de Venezuela. Sin embargo LagoVen y CorpoVen no tenían dependencia una de la otra y a pesar que a ambas les iba muy bien, era notorio que CorpoVen proporcionaba mayor comodidad y mejor nivel de vida a sus empleados, hasta las comodidades en los taladros eran definitivamente distintas en favor de CorpoVen.

Al ingresar a un taladro administrado por CorpoVen, de inmediato se distinguía el tráiler oficina/vivienda que tenía el jefe del pozo, con todas las comodidades y adelantos, eso repercutía también en el trato cordial con que la mayoría de los jefes de pozo tenían para con las compañías de servicios. La otra cara de la moneda, LagoVen, por el contrario mostraba el tráiler oficina/vivienda extremadamente simple, de modo que desde afuera no estaba muy claro cuál era el tráiler del jefe del pozo.

Por supuesto tratar con la mayoría de los jefes de pozo de LagoVen era estresante, siempre en tono desagradable, intimidatorio, pesimista, síntoma que no se sentían bien pagados. Los geólogos de pozo de LagoVen que eran nuestros jefes inmediatos en el taladro, nos trataban en la mayoría de los casos, no como a profesionales que estamos haciendo un trabajo para ellos, sino como sus sirvientes. Recuerdo que había una geóloga, de la cual todos me habían hablado que era extremadamente exigente, y que tenía una cuerpo divino, pero que no era muy guapa de cara. Un día tuve la, no puedo decir suerte, de conocerla. Estábamos en un taladro y me acerque, mientras ella me daba la espalda, y efectivamente, a medida que me iba acercando pude comprobar que tenía un físico espectacular, aunque hay mucho de eso en todo Venezuela, mas no precisamente en un taladro. Más cuando de pronto volteo su rostro hacia mí, no pude evitar paralizarme con un sentimiento muy desagradable, la pobre muchacha, no solo era feíta, sino que, como era empleada de LagoVen tenía un gesto de disgusto, insatisfacción y ganas de des cobrarse con cualquiera su frustración, que elevaban su fealdad a la quinta potencia. Fui afortunado de encontrarme con ella solo un par de veces en tres años, pero la expresión de su rostro y su hablar agresivo, liquidaba cualquier posible admiración que su divina figura pudiera generar.

Dada la demanda de trabajo y los continuos lloriqueos de Regulo, me autorizaron a contratar a un técnico electrónico más. Vinieron muchos, más de 20, en su mayoría recomendados por gerentes de LagoVen, CorpoVen o alguna otra compañía influyente. La oferta de trabajo era por un técnico o ingeniero electrónico, más recibí hojas de vida de Ingenieros químicos, mecánicos, industriales y de computación, es más, me vino a visitar un Gerente de la LagVen y con tono avasallante, prácticamente me sugería que el daba por hecho que su recomendado, su hijo talvez, obtendría el puesto, diciéndome: “… después de todo que diferencia puede haber entre un ingeniero electrónico y uno de computación, de ultima con el entrenamiento debe bastar para que cualquiera haga el trabajo” .

Yo ya estaba bastante podrido con la serie de responsabilidades que había recibido, muchas más que las que originalmente habíamos quedado, y por el mismo sueldo, para hacerme cargo de un peso más. Yo necesitaba un ingeniero que me de apoyo, ya que el apoyo que recibía de Regulo y Gendrick era muy exiguo. Tome al que respondió mejor en el examen de selección, Carlos “Charlie” Santil. Sin embargo debido a la experiencia con Regulo, le dije tajantemente a Charlie, antes que aceptara el cargo: “Charlie, el negocio del petróleo trabaja los 365 días del año, 24 horas al día, antes de firmar, ten en cuenta que va a pasar que va a ser tu cumpleaños, o el de tu viejita, o el de tu novia, o el de tu querida, o el de tu hijo, y aun asi vas a tener que ir al pozo. No digas después que no te lo advertí. Si estás dispuesto a hacerlo, te va a ir muy bien y vas a progresar rápido en el petróleo”. Charlie firmo y rápidamente se convirtió en el mejor de los tres técnicos.

Una tarde sabiendo que Charlie andaba en un taladro, se apareció en mi oficina Regulo, con su escudero Gendrick, venían en son de guerra, exagerando como siempre la situación en su favor, haciéndose el ofendido; desde que había llegado a Venezuela, había visto esas actuaciones ya varias veces. “Coño Pablo, tenéis que hablar con Charlie, chico, porque no puede ser” “ A que te refieres Regulo” le conteste”; “que está yendo a los taladros chico y se queda a cambiar los sensores y los calibra chico” haciendo aspavientos con las manos, como si lo que estaba declarando fuera la esencia de la razón. “Pues, de eso se trata Regulo, nuestro trabajo no es ir y dejar el sensor para que lo cambien los operadores, es nuestro trabajo, no solo cambiarlos, sino calibrarlos y dejarlos operativos, así los operadores no tendrán nada que contarle a Juan, que no hicimos bien el trabajo”.

Como para Regulo, nada de lo que yo dijera era justo, insistió: “Entonces que van a hacer los operadores chico, ¿vamos a tener que ir a darles la comida en la boca también? Pues no chico”. Regulo, esto es Baker, la forma como lo está haciendo Charlie, es la forma como yo lo he hecho desde siempre”. Ambos se retiraron, no sin antes decir en forma dramática que estaba quemado, que ya no podía soportar más, que estaba al borde de renunciar, eso lo dijo desde el primer día. Las habladurías e indirectas contra Charlie siguieron, pero hasta el mismo Juan, empezó a reconocer que Charlie era eficiente.

Pues Charlie no necesitaba el apoyo de nadie, su rendimiento hablaba por sí mismo, además Charlie no perdía el tiempo en contestar indirectas o provocaciones, era flemático, y concentrado en su trabajo, evidentemente hice bien en contratarlo.
Las reuniones con Adolfo dieron un giro, cuando Gary hablo conmigo acerca de lo irritados que estaban los operadores de campo porque todos los empleados de las otras compañías de servicios habían recibido al menos un aumento en el último año y ellos no habían recibido ninguno. Yo también había notado ese malestar, y cuando escuchamos el plan maquiavélico de Adolfo, apoyado por Juan, tanto Gary y yo, le advertimos, le alertamos a Adolfo de las posibles consecuencias de no hacerle al menos un mimo a los operadores; como era de esperarse, Adolfo no solo se hizo el enojado, sino el ofendido, como que estaba decepcionado tanto de mi como de Gary; es más sugirió que con esa declaración mía, yo le había mordido la mano; como si yo fuera su perro. Además dijo que gracias a él, era que yo estaba ocupando ese cargo. Eso quería decir, según él, que mis dos incursiones por el África de 6 meses cada una y el año y medio asignado a la operación de Argentina durante el cual el Gerente Argentino quería mudarme a Buenos Aires con mi familia, no justificaban que yo estuviera entre los candidatos a ese cargo. Sugería Cochero que yo estaba ocupando ese cargo, gracias a su buena voluntad y porque él era “buena gente”. Y a Gary le dijo algo parecido, diciéndole lo decepcionado que estaba con él.

Desde esa reunión, Adolfo empezó a tener reuniones solo con Juan, que dudo que lo hiciera por temor a que Adolfo lo fuera también a desplazar. Siento que Juan lo hacía porque en verdad comulgaba con esa tendencia dictatorial, intimidatoria y prepotente con que Adolfo quería imponer su idea del negocio. En el fondo, supongo que tanto para mí como para Gary, fue un alivio, no tener que tratar con Adolfo cuando venía a perpetrar su estrategia. Sin embargo hay algo en que Adolfo no cayó en cuenta; no estaba tratando con Ingenieros Peruanos, sin sindicato, y suficientemente profesionales para no ponerse pico a pico con él; no estaba tratando con profesionales Argentinos, sin sindicato y que preferían irse antes que seguir sufriendo sus arbitrariedades; estaba tratando con técnicos Venezolanos, con sindicato cuya idiosincrasia era diametralmente opuesta a la de los Peruanos o Argentinos.

Unas semanas después nos sacaron de un pozo de LagoVen, perdimos el trabajo, durante la reunión tratando de aclarar los detalles porque nos habían sacado; cosa que no nos ocurría a menudo a nivel mundial; Regulo quien tuvo buena parte de la responsabilidad por lo sucedido, me endoso a mí la responsabilidad diciendo que él no trabajaba concentrado porque yo lo trataba displicente, que lo subestimaba y que eso lo tenía al borde de renunciar. Así, me lo dijo en mi cara, delante de los demás gerentes. Regulo no pudo pelar el pedal peor (en Venezuela se usa esta expresión para expresar equivocación). Unos días antes Adolfo me había hablado de la posibilidad que yo me mudara a México a una operación posiblemente más grande que la de Venezuela y yo entusiasmado le dije que sí, más al preguntarme a quien dejaría en Maturín en mi lugar, yo le dije sin dudar, que a Regulo porque tenía esperanza de convencerlo de aceptar el reto. Adolfo dio por terminada la reunión, Regulo sintió talvez que me había tocado, pero dada la conversación previa que había tenido con Adolfo, Regulo no pudo saber, al menos en ese momento que lo que había hecho era practicarse un harakiri (es la expresión usada en películas en que un japonés se quita la vida hundiéndose una daga en el estómago para lavar su honor por haber fracasado en su misión). Lo que sucedió es que Regulo siguiendo su filosofía, conveniente para él, de dejar que los operadores hicieran parte del trabajo del técnico, se fue del taladro, sin instalar todos los sensores, asumiendo que el operador lo haría por él. El pozo arranco sin todos los sensores operando, y eso según la política rígida de LagoVen era una falta grave y se agarraron de eso para sacarnos del pozo y quitarnos el trabajo. Unos meses después LagoVen misma comprobó que se trató de una conspiración orquestada por nuestra competencia, con la participación de un funcionario de LagoVen para sacarnos del pozo; si una cosa así, sucediera en los Estados Unidos, hubiera sido una demanda multimillonaria, pero en Venezuela, solo fue anecdótico.

Eventualmente los operadores de campo se unieron y estaban esperando la chispa para reaccionar. En una de esas visitas de Adolfo a Venezuela, hizo una incursión por todas las unidades en el oriente Venezolano, para según el acallar reclamos. El mensaje en pocas palabras decía “no hay aumento, al que quiere le gusta, al que no, tiene la puerta abierta”. Simple y sencilla la política del Cochero. Hubieron muchos comentarios por la radio, entre ellos Regulo participaba burlándose sarcásticamente de la situación e imitando la voz y el acento mío y del Cochero, para jolgorio de los radio escuchas. Cochero escucho esto por la radio y se presentó en mi oficina, por supuesto, sin explicarme nada, solo me pregunto, con léxico porteño: “¿Te bancas sin Regulo? (Te da lo mismo quedarte sin Regulo)”. Después de lo sucedido en la reunión por lo de LagoVen y lo convencido que vi a Cochero, acepte su sugerencia, esa misma tarde despidió a Regulo. Regulo tenía muy poca autoestima, así que según él no tenía nada que perder; salió de la oficina directo a un teléfono público, Gendrick se fue con él. Desde allí llamo a la mayoría de las 8 unidades que estaban trabajando dramatizando que Cochero lo había despedido y que tenía una lista de los siguientes operadores de campo que iba a despedir. Aquella tarde-noche, los operadores de campo se juntaron redactaron una carta informando/pidiendo/intimidando ya no a la oficina de Venezuela, sino a la oficina principal nuestra en esta parte del planeta en Houston, con copia a PDVSA y sus filiales LagoVen y CorpoVen. Al día siguiente, 6 de la mañana cuando Juan trato de hacer su acostumbrado reporte diario; solo recibió silencio absoluto de todas las unidades Juan se fue de la oficina de acuerdo a la estrategia y se comunicó con Cochero que se hallaba camino a Maracaibo, acababa de dejar Maturín.

La administradora, la señora Samara, fiel hasta la muerte y gran admiradora de Juan, acababa de salir de vacaciones, en su lugar estaba una encantadora dama a quien Samara había recomendado para ocupar su lugar mientras ella se iba a solear a las playas de Tobago. Era lógico que la hermosa dama confundida al ver llegar una nube de operadores de campo a la oficina los recibiera cordialmente y se puso a sus órdenes para lo que venga. Ellos se habían organizado, dejando solo a uno de ellos en el taladro con el mensaje a LagoVen y CorpoVen que iban a pasar los reportes de manera restringida, porque se encontraban tomando una medida de fuerza laboral. Una cosa como esta en Perú o Argentina por ejemplo, es impensado, no ocurriría jamás. Pero aquí ocurrió, la linda damita siguiendo sus buenos modales y su voluntad de ayudar, paso los faxes rumbo a Houston, Caracas, Anaco y Maracaibo. Me imaginaba si Samara hubiese estado en la oficina, ella hubiese destruido la máquina para faxear antes de acceder a enviar tal mensaje, o se hubiera inmolado incendiando la oficina. Los faxes hubiesen sido enviados de todas maneras en algún otro lugar, si alguien se hubiese rehusado en la oficina. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

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