La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXII

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Carlos se devolvió para Buenos Aires, era Junio de 1991, la Drillbyte no llego a la Argentina sino hasta 1995. Fernando Roberto se quedó aun dos semanas más, cada vez más y más quejoso, solía sentarse en un rincón de la unidad que estábamos tratando de construir, yo le conversaba del tema y el con el espinazo doblado, el cigarrillo entre sus dedos, la mano colgando, no respondía a mi pregunta y en vez de eso decía muy lastimosamente “alguem perto de charto na mia boca por favor” (alguien acerque el cigarro a mi boca por favor”, andaba muy deprimido los últimos días, hasta que recibió la noticia que podía regresarse a Rio de Janeiro, entonces feliz y contento decía:”meu calvario prestes a terminar” (“mi suplicio está a punto de acabar”).

Al mismo tiempo que yo estaba tratando de armar la nueva Unidad Drillbyte, Luis y sus muchachos estaban construyendo otra unidad con los equipos antiguos de Core Lab, para lo cual habían pedido el apoyo un Ingeniero colombiano, German Pineda, este sí que era a todo dar. Había vivido mucho tiempo en Medellín y hablaba con ese acento, distinto al de Luis que era de una ciudad llamada Málaga, en la provincia de Santander. A German tampoco le agradaba la forma como Luis se refería a Baker, aunque tuviera motivos válidos, que lo dudo, es falto de ética hablar mal y desearle lo peor a la compañía para la cual trabajas. Con German hicimos buena amistad, solíamos beber casi a diario cuando estábamos ambos alojados en el hotel Delicias, solía decir seriamente pero en tono juguetón: “Pues que, Pablin, le cuento que estoy preocupado, el ron que bebemos ya no me hace efecto, lo que necesito es una botella de aguardiente”. Se refería a que en Colombia se bebe más aguardiente que ron, habiendo aguardiente de gran calidad, como el Aguardiente Cristal de la ciudad de Caldas. Otro día al ver pasar a un par de esas exuberantes maracuchas, decía: “Pues vea Ud. Pablin, ese par de goticas de agua, y uno con esta sequía” o tal vez “Mire Pablin lo guapa que esta esa chiquita, como dice el dicho; chiquita y tetona, sino es puta es ladrona” y cosas así. Otro día hablando de Luis e imitando su acento paisa, que es como si estuviera a punto de llorar, decía: “Le cuento Pablin, que el Luis me estaba hablando que la cicatriz en el brazo se la causo un toro, porque dice que en su juventud había sido torero, y decía (con acento paisa) – porque allá en mi pueblo de Málaga, Santander – el muy marica creía que me iba yo a confundir con Málaga, España”. Gran tipo German.

Llego la unidad A0 construida en el Reino Unido, se envió directo al pozo, en el lago de Maracaibo. Houston envió a un operador americano de lujo, Mike, joven y talentoso, para entrenar a los operadores locales. Como la operación de Colombia pronto tendría también sus propias Unidades Drillbyte, los colombianos enviaron a su operador estrella, un tal Hugo Ibáñez, también fue un operador venezolano de apellido Tomey. A su vez fueron enviados dos mudloggers Alexis y Chucho para “ayudar” en el reemplazo rápido y efectivo de la unidad, porque ya había una unidad nuestra con equipo antiguo de Corelab en el pozo. Hugo era uno de esos fumadores empedernidos, en aquel tiempo no estaba prohibido fumar en la unidad nuestra. Mientras me dedicaba a añadir o reemplazar sensores en el piso de perforación, le encomendé a Chucho y a Alexis a correr cables para los sensores de la sala de las piletas, dos pisos abajo del piso de perforación.

Eso fue como encomendarle a los tres chiflados a resolver las ecuaciones de Maxwell, la tarea era sencilla, pero yo no podía imaginarme hasta dónde puede llegar la ociosidad y la irresponsabilidad de un ser humano. Se iban a las 7:15 de la mañana, a eso de las 11 de la mañana justo antes del almuerzo, llegaban a la unidad, con el aliento recortado y el hablar pausado, como si acabaran de hacer un esfuerzo enorme diciendo: “Pa…blo, ya…..acaba…..mos el cableado de los sens…….sores de tempe…….ratura; después del almuerzo, vamos a continuar…..con lo que falta, nos vamos a almorzar” Y se largaban, daban las 12, la 1, las 2 de la tarde y no se aparecían, no estaban en la sala de piletas, no estaban en el comedor, no estaban en la sala de TV, los llamaba por los altavoces que llegan a cada rincón del taladro y nadie respondía. Yo seguía haciendo mi parte y al final tuve que ir a la sala de piletas a hacer todo de nuevo porque la tirada de cables que habían hecho “valía madre” (como dicen los mexicanos) un niño de 10 años lo hubiese hecho mejor, era perder más tiempo reclamarles o indicarles la forma correcta como hacerlo, la consigna de mucha gente en esas latitudes es hacerse el ofendido, así se libran de responsabilidades.

Cuando pasaba por la unidad veía también con frustración como Hugo torturaba a Mike, exigiéndole que le repitiera las indicaciones y preguntándole mil idioteces, veía la cara de confusión e impotencia de Mike, cuando Hugo le hablaba tan cerca de la cara que prácticamente le escupía el humo del cigarro, eso sumado a su pésimo ingles hacían que a Mike se le cruzara por la mente renunciar a Baker en ese mismo instante. Por el contrario a mí se me cruzo por la mente agarrar del pescuezo a Hugo, sacarlo de la unidad y lanzarlo al agua. Por fin acabamos esa cruel aventura, Tomey por lo menos tomo su distancia, pero Chucho, Alexis y Hugo encajaban muy, pero muy cerca en el adjetivo de inservibles. Al volver a Indio Mara, el chofer que llevaría a Mike a La Chinita y de allí de vuelta para Houston, se le ocurrió preguntarle: “Mike, when do you come back” (¿Cuándo regresas?). Mike miro al chofer con no disimulado desprecio y le respondió parco: “Next life” (En mi próxima vida).

Tom me comunico que Baker tenía problemas graves para atender las demandas de los clientes en el Oriente Venezolano, efectivamente Baker tenía una oficina satélite en la Ciudad de Maturín, Estado Monagas; aún más, Tom dijo que tendría que mudarme y con aire muy lógico me dijo: “vamos a tener que aumentarte el sueldo, porque la vida en Monagas es más cara que aquí. Cuando le comunique esto a Adolfo, el por supuesto cínicamente y haciéndose el ofendido, me dijo: “Y quien es Tom para decidir eso, no se te va aumentar nada, desde un principio estaba en los planes que tú te fueras a vivir a Maturín”. Sus palabras eran tan llenas de mentiras como su cinismo, jamás se me dijo que iría a vivir a Maturín. Pero tratándose de Adolfo, era de esperarse. Una vez más, da la impresión que la haya tenido conmigo, pero no, él se comportaba como un desalmado con todos. Un tiempo después, cuando la operación creció ostensiblemente, Adolfo, “nos premió” con su presencia una vez por mes, para “coordinar” la operación. Nos torturaba una semana y luego se regresaba a Houston, donde torturaba a esa pobre gente que trabajaba con el allá.

Mi familia y yo nos mudamos a Maturín, una ciudad tropical típica, un calor abrazador, al igual que Maracaibo, pero las lluvias eran mucho más severas que en la capital del Zulia. Conseguimos un apartamento en un séptimo piso cerca del centro, propiedad de un comerciante sirio Salomón Kuffati, gran persona, tenía un niño y una niña, cuando íbamos a su negocio donde vendía muebles y electrodomésticos, nos recibía muy bien, hablaba en árabe con su esposa, también siria.
La oficina de Maturín tenía un gerente de operaciones el chileno Juan y dos técnicos venezolanos, uno de ellos, Regulo, era muy amigo de Juan y tenía por lo menos los conocimientos para hacer el trabajo, pero al igual que Alexis y Chucho, su ociosidad sin límites, lo traicionaba y andaba siempre a las quejas, haciéndose la víctima, llevando siempre la conversación al límite, casi sugiriendo que estaba a punto de irse, si la cosa no se arreglaba como a él le convenía. Le explique que la cosa se iba a poner más difícil, porque la exigencia de Baker, como yo había notado, era mayor que la de Core Lab, que lamentablemente yo venía a imponer el ritmo de trabajo de Baker y que la compañía no se iba a acomodar a nuestras necesidades; sino que éramos nosotros los que teníamos que acomodarnos a las necesidades de Baker.

Charle con el muchas veces pero en vez de generar motivación, expectativa y ambición en él, desarrolle antipatía y el simplemente cuestionaba todo lo que yo proponía. El otro técnico Gendrick, parecía más maniobrable, pero él había llegado a la compañía a través de Regulo, eran camaradas, así en casos extremos él apoyaba todo lo que Regulo decía, sin importar el juicio o la responsabilidad. Tuve que ejercer mi cargo y simplemente enviarlos a trabajar e ignorar sus lloriqueos, nunca se los dije, no era mi estilo, pero se merecían que les dijera: “Si no tienen suficientes huevos para hacer el trabajo, lárguense, así como están no le sirven de nada a Baker”. Les decía algo equivalente: “No es Pablo el que les envía a esta misión, es Baker, quéjense con Baker, no conmigo, yo solo sigo lo que Baker me ha mandado”. La oficina de Maracaibo solo tenía dos unidades trabajando, la oficina de Maturín tenía ya 5 y al pasar los meses llego a tener 14 unidades trabajando, era el tiempo de las vacas gordas. Gary, el gerente de marketing también fue mudado a Maturín con su familia, ya nos conocíamos superficialmente desde más antes. Alguna vez lo vi en la oficina de Lima. Gary era a todo dar, una mentalidad amplia para el negocio, lástima que haya estado solo asignado a marketing, por entonces.

Cada vez que venía Adolfo en una de sus visitas, se quedaba un par de días en Maracaibo y luego se venía para Maturín, hacia reuniones estresantes que duraban horas. Al principio, me obligaba a mi como gerente técnico de Maturín a participar en estas reuniones, pero era demasiado para mí, tenía constantes llamadas del campo, de mis técnicos, más las otras tareas que tenía en la oficina, organizar el almacén, coordinar la limpieza de equipos, revisar documentación de importaciones y exportaciones, etc. Muy rara vez tenía la oportunidad de salir a las 5 de la tarde, generalmente salía a las 6, 7, 8 o a veces 10 de la noche. Una tarde en que Adolfo estaba en una de sus reuniones con Juan y Gary, acabe mis tareas temprano como nunca, me encaminaba hacia la puerta y justo salieron ellos a tomar un descanso de su reunión, al verme Adolfo que yo me encaminaba hacia la puerta de salida; me llamo con desesperación: “Oye, oye, oye, a dónde vas?” yo le respondí: “a mi casa, ya termine por hoy” y el replico :”No te vayas, tengo que hablar contigo, no te vayas” meneando el dedo índice en forma negativa a medida que se alejaba para meterse de nuevo en la sala donde estaban reunidos. Tres horas después cuando volvieron a salir, me acerco a él y le pregunto: “Adolfo, ¿de que querías hablar conmigo?” y el poniendo cara de sorpresa, antes que saliera palabra alguna de su boca, moviendo la cabeza expresando negatividad, dijo: “¿Yo?…..nada…..nada” y luego se fue alejando de vuelta a la sala de reuniones.

Es más o menos Mayo de 1992, para ese entonces tenía trabajando desde 1984, 8 años casi redondos, hoy tengo casi 33 años trabajando y he conocido gente muy agradable para trabajar, gente que trabaja triste, gente que trabaja al borde de un ataque de nervios, gente que dice que trabaja, pero más es lo que descansan o navegan en el internet que lo que trabajan, gente complicada que es preferible mantener a distancia para que no afecte negativamente nuestro rendimiento, pero Adolfo no encaja en ninguna de estas categoría, definitivamente debe estar en algún extremo muy profundo donde se encuentran las personas que deberían trabajar sin compañía alguna, una persona que tiene problemas importantes en su personalidad, en su relación con los demás, que la hacen indeseable en grado sumo. En esos momentos provocaba rabia sus actitudes, pero hoy a la distancia, más bien inspira lastima, que un profesional talentoso como el, ya sea por azahares del destino, ya sea por la formación que recibió en su hogar o en su familia o tal vez algo que el trae en su ADN, provoque tal grado de repulsión en las personas que lo rodean cuando desarrolla una actividad. Me apenaría mucho que el lector confundiera mi descripción con resentimiento. La descripción no lleva resentimiento, es simplemente eso, una descripción, solo que para el caso del Cochero, siempre suena dramática, porque él era dramático.Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.

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