Archive for May, 2018

La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXXI

Wednesday, May 9th, 2018

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Regrese a Maracaibo solo, mi familia llego unos días después. Adolfo me dijo que no me mudarían con mis pertenencias, que me comprara cosas nuevas en Venezuela, lo dijo con mucho desparpajo, lindando con el cinismo, como si mi pregunta que sugería que me mudaran con mis cosas desde Lima, le había ofendido. Un tiempo después supe que también habían mudado a un brasilero, al cual tampoco le pagaron la mudanza, pero también mudaron a dos ingleses, que ganaban más que nosotros, a ellos si les pagaron la mudanza, la renta y la escuela privada de los hijos.

El brasilero y yo tuvimos que enviar a nuestros hijos a la escuela pública, la estrategia de Adolfo era despreciable, pero a diferencia de otros gerentes en Latinoamérica que mostraban cierto nivel de remordimiento por ese trato desigual, Adolfo parecía disfrutar de la situación, estaba hecho para hacer el trabajo sucio, dudo que alguna vez por curiosidad revisara el diccionario para saber lo que significa la palabra dignidad, no tenía respeto por sí mismo, no le importaba que el personal que trataba con él lo despreciara. Como he mencionado antes, se me cruzo por la mente que tuviera algo personal conmigo, pero no, él nunca tuvo nada personal contra nadie en particular, era desleal, intimidante, abusivo y desalmado con todos, es decir el perfecto gerente para una operación satélite de mudlogging en Sudamérica.

En Maracaibo rentamos un apartamento espacioso, mi familia encontraba la casa inmensa, en Perú los apartamentos no son tan grandes. En la oficina empecé a conocer a los empleados. Entonces me di cuenta que la mayoría, sino todos eran ex empleados de una Compañía llamada Core-Lab, que Baker había comprado con equipos, personal y todo. Esta gente de Core-Lab no estaba contenta para nada con Baker, porque el trato era distinto al que tenían en Core-Lab.

Habían tres técnicos, Luis como de 50 años, colombiano, Elisaul 20 años, maracucho y Elvis también de 20 años y también maracucho. Luis hablaba abiertamente con ironía, deseándole lo peor a Baker en Venezuela, bastante ignorante Luis; los dos maracuchos veían al colombiano como su guía, ellos no tenían opinión, esto era un juego para ellos, eran muy irreverentes, no estaban interesados en aprender más, Luis los había adoctrinado a su manera y les hacía ver como que lo que él les había enseñado, era todo lo que necesitaban, así ellos hacían solo lo necesario, y si se podía, menos que eso. En efecto los jóvenes maracuchos habían aprendido todo de Luis, lo bueno y lo malo, les había enseñado el sistema de adquisición de datos, la filosofía de los sensores, los equipos de gas, etc., pero también les había trasmitido su ociosidad, su mediocridad, su tendencia a hacer lo mínimo y su negativismo.

Yo me sentía incómodo sin hacer nada, además necesitaba ocupar mi mente. La oficina estaba instalada en un caserón en el barrio Indio Mara, en la parte posterior había un patio inmenso con un inmenso manglar, abundan los manglares en Maracaibo. Vi que habían tirados en el piso, tubos de sensores de volumen de pileta, cables de todo tipo que parecían haber estado allí por mucho tiempo. Hice una lista de herramientas básicas para comprar. El gerente me autorizo y me envió con uno de los choferes, Machetico a una ferretería surtida.

Al llegar pude ver la mayoría de las herramientas que iba a pedir colgadas en muestrarios en la pared. Cuando nos llegó el turno, el empleado de mostrador, con evidentes ganas de no trabajar, me pregunto sin disimular su falta de apego al trabajo: “¿Que desea?”, yo replique: “necesito una escobilla de fierro”; “eso no tenemos chico” bramo el empleado; continúe: “también necesito un destornillador plano”, “eso tampoco tenemos chico” me contesto antes que yo terminara mi pedido, continúe: “ tendrá una llave stilson?” a lo cual él respondió: “eso tampoco tenemos chico”. Yo sonriente ante su cara de malestar del maracucho – malestar no porque no tuviera nada de lo que le estaba pidiendo, sino por tener que trabajar – le dije: “no puede ser amigo, las tres cosas que le he pedido, están colgadas en la pared” y se las señale. A lo cual, el empleado maracucho, ya enfadado, me replico: “Coño, eso se llama cepillo de alambre, el otro destornillador de pala y la otra se llama llave de tubo, chico”. Evidentemente al tipo este, no le interesaba vender ni hacer nada, y él se sentía en su derecho de hacerse el confundido, el ofendido o molesto para no hacer nada. Igual me lleve varias cosas, pero obviamente jamás regrese a ese lugar. Por el camino de vuelta a la oficina, le dije a Machetico que necesitaría ayuda por un par de horas para limpiar, ordenar y botar lo que haga falta, de las cosas que había en el patio trasero. Machetico me respondió como responde la mayoría de los maracuchos: “Coño, no te preocupéis, que a las dos de la tarde estoy allí contigo, chico, y matamos ese tigre chico” que entusiasmo, quede impresionado. Puro chamullo, Machetico nunca se apareció. Al día siguiente ni se disculpó, ni menciono el asunto.

La oficina tenía dos camionetas y tres choferes, me di cuenta que habían unas 4 personas, tal vez más que estaban allí para pagar algún favor a alguien. Renato se iba todas las mañanas a Tía Juana, a una hora y media de Maracaibo, donde se encontraban las oficinas de las empresas petroleras de PDVSA, la compañía estatal matriz de Venezuela. Por algún motivo extraño, Renato no podía ir solo a Tía Juana, tenía que ir con un chofer, Felipe. Quiero creer que el motivo que fuera Felipe siempre con él, era porque Renato tendría que agasajar a los de PDVSA a diario y por allí, pasado de rones, podría tener un accidente. En la oficina quedaban una camioneta y dos choferes Carlos y “Machetico” cuyo verdadero nombre era Nevil Espinosa, pero a él le gustaba que le dijeran “Machetico”.

Tom, el gerente técnico, estaba encargado de recibir todo el material que venía de Inglaterra para el armado de las 5 unidades A0. Entonces Tom me informo que las unidades no se parecerían en nada a las que yo había visto en Windsor, porque esas unidades estaban hechas para el Mar del Norte; en Venezuela casi todos los trabajos eran en tierra. El transformador principal no sería el mismo, la unidad misma no sería la misma, habían encargado a un constructor local el armado de la unidad. Las cosas que habían estado llegando desde Inglaterra estaban en un almacén en la parte trasera del caserón, protegidas por un enrejado y a cargo de un muchacho Argentino, Rolando Moschella, pariente de la esposa del Gerente General. Moschella era oriundo de la ciudad de Neuquen en Argentina y era un buen trabajador, al menos andaba ocupado todo el día, con lo caliente que es Maracaibo y lo subido de peso que estaba Rolando, a veces se le veía entrar a la oficina transpirando mucho, los pupilos de Luis, ya lo veían venir y adrede subían los pies encima de la mesa y estiraban su cuerpo en la silla en posición ociosa y decían cínicamente “¡Ay! Diosito lindo, que vida tan dura, chico” eso irritaba tremendamente a Rolando pues los técnicos no hacían nada más que sentarse y tomar café el día entero, el ejemplo de Luis. Rolando les increpaba que hicieran algo, y ellos se burlaban de el en su cara.

Una tarde cayo una tormenta eléctrica dura sobre Maracaibo, al regresar al apartamento, ya la tormenta había pasado, recorrí la sala, la casa parecía desierta, revise los dormitorios, cuando llegue a la recamara principal pude ver en una esquina a mi esposa con mis dos hijos acurrucados los tres con un síntoma de temor extremo. Ellos nunca habían pasado por una tormenta eléctrica, y estaban que se morían de miedo. Luego de explicarles empezaron a recuperarse. En Lima no se dan tormentas así. Por lo demás la familia se fue acostumbrando a vivir poco a poco en Maracaibo.

Por fin entregaron una de las unidades a la oficina, para empezar su construcción. Adolfo me informo que vendrían la semana siguiente Carlos desde Buenos Aires y Fernando Roberto desde Rio de Janeiro para ayudarme a armar la unidad. Ni bien llegaron empezaron las quejas, el brasilero comparaba todo con Rio de Janeiro, y constantemente decía lo bueno que es todo en Rio. Carlos no se quedaba atrás, preguntándome cuanto tardaríamos y que si era más de una semana que era “justo” para él, que la compañía le pague el pasaje a su novia para que se venga a Maracaibo a pasar unos días con él. La verdad no había fecha de terminación porque no todas las partes habían llegado y no se sabía exactamente que venía en cada envió, Tom tuvo la nefasta idea de asignarle la responsabilidad de ir al aeropuerto a averiguar detalles de los envíos al aeropuerto de La Chinita, nada más y nada menos que a Machetico. No pudo estar más inspirado Tom, porque se sabía que el tal Machetico se afanaba (robaba) todo lo que estuviera a la mano. La oficina había comprado algunas herramientas pesaditas, entre ellas una cortadora metálica, un día desapareció. Como estábamos en Maracaibo, nadie vio nada, nadie supo nada, aunque todos sabían que era Machetico, aun mas estando todos reunidos, cuando Tom le pregunto a Luis, quien la había usado antes que desapareciera, Luis cínicamente, sin decir palabra hizo un gesto con cabeza y boca, apuntándome a mí. Por supuesto no me quedo más que sonreír, evidentemente me encontraba metido en un nido de zorrillos.

Baker Venezuela ya había encargado una unidad A0 hecha en Inglaterra que llegaría pronto, pero se iría directo al taladro y tendríamos que instalarla, en un par de días para reemplazar una unidad antigua de CoreLab. Así mismo, se entrenaría a personal de campo para operar esta unidad A0.

Empecé a cobrar desde Houston, Tom me recomendó un banco donde hacer transacciones para recibir mis pagos en dólares allí; se encontraba en el barrio de La Limpia. El mismo Tom usaba ese banco también. Machetico se iba diario al Aeropuerto para agilizar la liberación de más equipos y partes venidos del Reino Unido. Cada tarde Machetico llegaba a la oficina, muy cerca de la hora de salida, simulando extremo cansancio y reportando a Tom, que gracias a su esfuerzo los equipos saldrían del aeropuerto pronto y que era imperativo que fuera también al día siguiente. Tom le concedía que se llevara la camioneta todo el día al aeropuerto. Una tarde después del almuerzo, Tom tuvo que ir al banco en La Limpia y al pasar por uno de esos centros comerciales, ve pasar a Machetico bien campante con la camioneta de la compañía con toda la familia metida en ella. Sin decirle nada, se regresó a la oficina, al llegar Machetico, como de costumbre muy cerca de la hora de salida y haciendo aspaviento que se había partido el alma el día entero luchando con la aduana para sacar los equipos, “Coño Tom, que esa gente es dura chico, pero ya los tenemos, mañana ya empiezan a salir los equipos, he estado el día entero allí para que me pararan bola, chico”. Tom despidió como correspondía a Machetico, aunque se supo después que el chorazo de Machetico se buscó un abogado y enjuicio a la compañía por no pagarle horas de sobretiempo, y gano. Ese Machetico tenía siete vidas.

Estando con Carlos y Fernando Roberto tratando de armar lo que pudiéramos en la nueva Unidad, Carlos me confió que había hablado con el gerente boliviano para traer a su novia por unos días y como se lo habían negado, que él tenía muchas tareas pendientes en Buenos Aires, y que tendría que irse pronto. Un par de días después, Tom me devolvió mi pasaporte indicándome que dado que no le quedaban muchas páginas disponibles, el tramitador de la Diex necesitaba que sacara yo un pasaporte nuevo para obtener la visa de trabajo. Tendría que ir al consulado Peruano en Caracas. Era Jueves en la tarde, les informe de esto a Carlos y Fernando; Carlos me dijo en tono de despedida, que para cuando yo vuelva, el tal vez se haya ido para Buenos Aires; yo le respondí que tal vez para el Lunes estaría de vuelta.

Cada mañana, al llegar al restaurant del hotel Delicias a desayunar, Fernando ya estaba allí esperando, charlábamos y había que llamar a Carlos a la habitación porque se quedaba dormido. Yo fingiendo la vos de Tom, con acento inglés-maracucho le decía: “Carlos, habla Tom, mira Pablo y Fernando ya se encuentran aquí en la oficina, a qué hora piensas venir tú?” y Carlos aun adormitado y confundido, se quedaba en silencio pensando en efecto que Tom lo estaba llamando desde la oficina. Luego yo, ya con mi voz le decía, con acento porteño: “¿que hacѐs boludo, venìs a desayunar?” a lo que el respondía: “ah sos vos peruca, ya, ya bajo en un minuto”. Ese dialogo se repetía casi a diario.

Paso el fin de semana, esto me lo conto Fernando unos días después; Carlos se estaba preparando para irse a La Chinita para regresarse a Buenos Aires y lo llama a la habitación el mismo Tom, porque necesitaba enviarle un sobre con información al soporte técnico en Buenos Aires, así al levantar el teléfono, Carlos escucha a Tom diciendo: “Carlos, habla Tom, mira, necesito que me lleves un sobre para Buenos Aires y…”, Carlos, pensando que era yo imitando la voz de Tom, lo interrumpe diciendo “ Peruca!! Que haces, a qué hora llegaste boludo”, Tom confundido le responde: “No Carlos, es Tom, mira ¿a qué hora sales tu para el aeropuerto?” y Carlos insistiendo: “Dejate de boludeces Peruca, ¿estas en la recepción?”. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.