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La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXVII

Thursday, June 2nd, 2016

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Al llegar a Argentina me sentía importante, me había ganado la confianza no solo de mis compañeros en el campo, sino también de la gerencia, alguna vez acababa de regresar de Malargüe, de visitar la unidad donde se encontraba Arturo Garofalo donde hubo que hacer varias reparaciones. Seguramente mientras yo viajaba por tierra de Malargüe a San Rafael y luego el vuelo a Buenos Aires, los reportes diarios hablaban de las soluciones que yo había hecho. Así al llegar a la oficina, le recordé a Eric que yo ya llevaba más de 35 días fuera de casa, y él con aire sonriente y juguetón, que no era común en el, dijo: “Ingeniero Ud. ya no se va de acá”, y dirigiéndose a Jorge, le dijo: “Jorge llamàle a José – mi gerente en Lima – que arregle para que la esposa de Pablo se venga a Buenos Aires a pasar unos días” y luego dirigiéndose a mí: Pablo vos, te quedàs acá, hablà con Adolfo, el pasó lo mismo que vos, decìle que te aconseje donde vivir aquí en Buenos Aires”.

Yo estaba sorprendido, pero me agradaba la idea de salir de Perú donde todo era violencia, escases, guerrilla y corrupción gubernamental. Había estado esperando esa oportunidad. Fui a la oficina de Adolfo – craso error – y le comente lo que su jefe me había comentado. Sin ocultar su enfado y con su inconfundible, inimitable, dramático e intimidatorio estilo, se quejó que fuera él quien me tenga que dar ese tipo de ayuda y finalmente con su mirada maligna e intimidatoria rubrico con un “Yo no estoy de acuerdo con que te vengas para acá”. Inmediatamente se me vino a la memoria las también intimidatorias palabras de Castellano, en la planta de Minero cuando recién empecé a trabajar; el mismo estilo destructor, el mismo cinismo para aparecer disgustado, el mismo aire manipulador, digno de una película de suspenso.

No voy a negar que no me decepciono su respuesta, es que recién estaba conociendo quien era quien en la compañía. Ante tanto abandono, me sobrepuse y me dije, si Eric en verdad quiere mi traslado y se lo autorizan, el me lo hará saber, y me enseñara números para ver si me conviene o no. Mientras seguiré con mi actividad como si nada sucediera. Esa charla nunca llego, ya sea que Eric no consiguió la autorización, ya sea que Adolfo metió su mano negra, o quizás porque se presagiaba un bajón en las operaciones, como en efecto ocurrió unos meses después, mi traslado a Argentina no se efectuó.

Regrese a Lima pero apenas unas semanas después, ya estaba de nuevo en Buenos Aires. Al ingresar a la oficina me recibe el Guillo que se encontraba trabajando en Argentina ante el bajón que tuvo la operación en Ecuador, espero el momento oportuno y se me acerco amenazante e histérico y me dijo: “ccha se lo que escribiste de mí, no seas hijo de puta”, y se fue; me imagino que se refería al reporte que hice por el asunto de Petro Canada.

A todas partes que yo iba, llevaba conmigo un folder con mis reportes, ya que ellos describían reparaciones que podrían serme útiles. Por supuesto allí estaba mi reporte de Petro Canada que tanto le dolió al Guillo, pero se ve que el Guillo no lo había leído, sino que alguien le comento, que yo había escrito contra él. Le hice una copia al reporte y lo lleve conmigo en mi bolsillo, en algún momento nos volveríamos a encontrar y se lo mostraría.

La oportunidad llego, nos asignaron a Fidel, al Guillo, dos loggers más y a mí para hacer una instalación en un pozo de la Petrolera San Jorge en Filo Morado. La Unidad había sido reconstruida en Buenos Aires, recuerdo a Rudolph y Carlos rompiéndose el alma para que quedara como a Eric le gustaba, mas Eric jamás preguntaba si los equipos de la unidad habían sido probados, él como vendedor, le ponía más atención a los detalles de la pintura, y la calidad del piso y la limpieza de las paredes. Así la unidad a veces no se iba con todo probado, como paso con la unidad de la Shell en Villa Minetti.

Recuerdo que el mismo día que la unidad se iba a subir al camión, Rudolph y Carlos notaron que al momento de ajustar los tornillos de los paneles frontales que los fijaban a la estructura, la pintura color crema se levantaba, los paneles estaban pintados originalmente con un acabado especial que aceptaban una capa nueva de pintura, pero no se agarraba de lleno a la superficie y se salía raspándola con la uña, peor aún al momento de apretar los tornillos. Se optó por ajustarlos lo justo para que no se levantara la pintura. El transportista de apellido Rissini, de barba negra espesa, se sabía todos los trucos de la ruta para llegar pronto al destino, en Filo Morado, Neuquen, cerca de Chos Malal, incluyendo los caminos sin asfaltar.

Al recibir la unidad en el taladro, antes de bajarla del camión, recuerdo que Fidel se trepo y abrió la puerta para echar una ojeada e hizo un gesto desconsolado y volvió a cerrar la puerta, pensé que estaba bromeando, cuando bajamos la unidad a tierra y abrimos la puerta, era un panorama desolador; casi todos los paneles estaban colgando; como los tornillos no fueron apretados, con la vibración del camión en el recorrido desde Buenos Aires, salieron volando o se destornillaron. Mangueras parcialmente cortadas, cables parcialmente cortados, equipos colgando del frente, pusimos todo como debía estar y energizamos la unidad. Varios equipos no funcionaban.

Era un momento de pánico, el Guillo encaro a Fidel que era el capitán de la Unidad, diciéndole que conmigo no era suficiente para reparar la unidad y airadamente sugirió que se llamara a otro ingeniero. Fidel lo puso en su lugar con la frase “prefiero un Pablo antes que 7 de otro nombre”, el Guillo insistió, esta vez opinando abiertamente que no confiaba en mí. Entonces yo intervine y le informe a Fidel porque Guillo no confiaba en mí, y de inmediato saque el reporte de Petro Canada y se lo puse al Guillo frente a él y le dije: “Este es el reporte que escribí de Petro Canada donde te menciono a ti; dime en mi cara, que parte del reporte, es mentira”

Entonces me di cuenta que el Guillo jamás había leído el reporte, alguien se lo conto a su manera; luego de leerlo, el Guillo dijo: “No, no hay mentiras, lo que me jode es que lo relatas con ironía y sarcasmo”. Que lo haya escrito en barroco o en estilo bizantino es irrelevante, lo que importa es que fui fiel a la verdad, no invente nada para perjudicar a nadie, nunca fue mi estilo, ahora la verdad perjudicaba al Guillo, pero yo no podía hacer nada por eso, yo tenía que hacer el reporte basado en lo que vi. Entre Fidel y Yo reparamos todo lo que había que reparar en dos días, fue otra hazaña que hicimos juntos y que reforzó aún más nuestra amistad personal. Me encanto tener de compañero a Fidel y poder contarlo ahora. Me devolví a Buenos Aires y de allí a Lima, llegue justo a tiempo para pasar la Navidad un 24 de Diciembre.

Pasadas las fiestas de fin de año, ya de vuelta en Buenos Aires, me encontré con la noticia de que Adolfo había sido transferido a Houston, en su lugar había quedado Gerardo Loidi, también llamado Tommy o Pupeto. Tommy era muy ocurrente, cuando le pregunte por Adolfo, me dice: “Vos no sabes qué problema se armó cuando se fue el negro (Adolfo), vieras que una parte de los empleados, decían que NO y otra parte decían que SI” aludiendo al plebiscito realizado al General Augusto Pinochet para sacarlo del poder en Chile, cosa que había ocurrido, no mucho tiempo atrás. Yo algo confundido, le pregunto: “Como es eso del NO, y del SI”, y Tommy dice: “Unos decían que NO se quedara y los otros decían que SI se fuera”. Tommy tenía siempre los comentarios precisos para la hilaridad.

Para poder aumentar la tarifa de las unidades standard se recurrió a cargar un programa nuevo de modo que se podría instalar una computadora que pudiera tomar datos on-line. Así también se planeó reemplazar las antiguas computadoras de propósito especial, las HP2108, que ya estaban obsoletas, Houston envió las instrucciones los programas, las tarjetas de interface con el hardware, entonces asignaron a Tommy y a Carlos, que ya había vuelto de Chile, a un pozo cerca de Tartagal. Era un pozo de la Texaco, los peruanos Jorge Soto y Juan Palacios eran parte de la tripulación. Yo me encargaría del rig up. Sin embargo Tommy y yo íbamos a todas partes, ya que al segundo día, Carlos encontró un motivo para regresarse a Buenos Aires.

Carlos era un excelente Ingeniero pero no se bancaba el campo más de dos días, le daba el síndrome del pozo y se rajaba so pretexto que tenía trabajo atrasado en Buenos Aires. Tommy simplemente no pudo hacer el cambio. Para entonces, Adolfo ya había sido transferido a Houston para apoyar a Dave, un Ingeniero ingles que reemplazo a Felipe, cuando debido a su enfermedad este ya no pudo continuar con sus funciones. Cuando Felipe falleció, Adolfo quedo prácticamente encargado de la operación de Sud América porque Dave no hablaba español. Si como un simple gerente técnico, Adolfo, se tomaba atribuciones que no le correspondían y era un castigo trabajar en su entorno, pues como quasi gerente regional fue como cuando Hitler fue nombrado canciller del General Von Hindenburg antes de la segunda guerra mundial, aunque Dave no lo dejo crecer todo lo que su corrosiva mente hubiese querido desarrollar, pero eso no fue motivo para no acrecentar su bien ganada fama de insoportable. Adolfo nunca tuvo problemas personales con nadie, era insoportable por mayoría de votos, casi por unanimidad diría yo y los que faltaron para completar el 100% fueron la parte del personal que nunca trabajo con él, para su fortuna.

Durante esta visita tuvimos ocasión de visitar Yacuiba, un pueblito que se encuentra del otro lado de la frontera en territorio boliviano, muy cerca de Tartagal. Es lindo Tartagal, como en todo el territorio Argentino la calidad de la carne de res es impecable, era la segunda vez que venía, y cuando me dirigía en el autobús camino a la ciudad de Salta, capital de la provincia del mismo nombre, sentí un extraño presentimiento, de que no volvería a Argentina en mucho tiempo. De Salta viaje a Buenos Aires donde me esperaba mi última aventura de esa visita, otro pozo donde estaba Fidel, en Neuquen, con la Unidad 231 que como no se llegó a usar en el Chirete fue reasignado con Fidel.

Trabajar con Fidel era placentero, lleno de confianza y efectividad. Sabía que Rudolph se encontraba también en el área, pero al igual que Carlos, no se bancaba mucho tiempo en el pozo, se había ido a la Ciudad de Neuquen en busca de repuestos, llego al depósito en Neuquen justo cuando el transportista estaba bajando una unidad standard del camión, no había alrededor ninguno de los operadores que habían trabajado en esa unidad como sugerían las normas de seguridad de la compañía.

El transportista no quiso esperar y empezó a bajar la unidad, con tan mala leche que se le rompió una cadena que sostenía un extremo de la unidad y la unidad se cayó al piso desde un par de metros de altura. En ese momento llegaron los operadores, entre ellos mi amigo del alma Frank Matute, Rudolph salió disparado al teléfono para darle la primicia a Jorge, los operadores fueron tras de él. Al levantar el fono, histéricamente Rudolph le dice a Jorge: “Che Jorge, se partió, se rompió!” a lo que Jorge respondió ya también alterado: “Que se partió, que se rompió y quien habla?” la conversación histérica continuo con un :”Soy ccho, Rudolph, la unidad standard de caccho del camión” y Jorge: “ Y que carajo haces vos en Neuquen, Ccho te pago para que estés en el pozo, y en este momento te regresás para accha, y me pasas con el capitán de la Unidad”; Matute se puso al teléfono y luego de escuchar las puteadas de Jorge, le respondió al estilo venezolano y de manera irreverente: “Entonces como es la cosa pue”; Jorge se puso al borde del infarto, no estaba acostumbrado a que le contesten y al borde del desmayo le dijo “ CCho te voy a enseñar cómo es la cosa”.

Cuando volví a Buenos Aires me encontré con Frank en la recepción del hotel Victory y caminamos hasta Córdova un par de calles y nos tomamos un par de Quilmes de etiqueta dorada mientras me contaba los detalles. También me conto que después de eso no esperaba que lo volvieran a llamar, pero que no importaba pues toda la operación de Argentina se encaminaba a un bajón, efectivamente pasaron 4 semanas y no me llamaron, era Julio de 1990. Me di cuenta que tendría que volver a usar mis contactos en Windsor. Para los últimos días de Noviembre de 1990 Pepito me anuncio que Mick Hottgest me había vuelto a pedir desde Gabón, en la Costa Occidental del Africa, por seis meses. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.