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La Ingeniería Electrónica en todas las Ramas Industriales – Parte XXIV

Thursday, November 8th, 2012

Por Pablo Enrique Alcántara Vega*

Cuando visite Argentina en 1984 como traineer y en 1985 ya como Ingeniero de Servicios, estaba tan novato que no disfrute mucho de la bondad de esta tierra. Andaba más concentrado en tratar de aprender pero a la vez pensando en volver a casa lo más pronto posible. Con la madurez que había logrado en mi estadía en África y Europa, mi trabajo se hizo muy placentero y pude disfrutar tremendamente de la gente, de mis compañeros los loggers, así como del personal de oficina. Pasaba 30, 35 hasta 45 días en Argentina y una o dos semanas en Lima.

La operación era intensa, había una Unidad en Chile, una en Paraguay, y 6 en Argentina, todos los equipos ocupados. Carlos y Rodolfo necesitaban constante apoyo, así a parte de mi, también iba Edwin de Ecuador, a quien yo había entrenado un tiempo atrás. Al llegar a Buenos Aires podía de inmediato captar la gran actividad que había. Viajaba de Lima a Buenos Aires por Aerolíneas Argentinas, Avianca, Lan Chile o Eastern. Alguna vez llegue a la oficina en el cruce de Maipú y Juncal justo después del almuerzo; ingrese silenciosamente y escuche a Jorge charlando por teléfono, disculpándose: “No Arturo, lo siento, no tengo como enviarte el Motor, el cadete anda por fuera, Yo tengo el motor aquí, lo estoy viendo, pero no tengo con quien enviártelo” justo en ese momento entro en el rango de visión de Jorge; ni siquiera tuve chance de decirle: “Como andas”, de súbito cambio el ritmo de la conversación con Arturo diciendo: “Pero, para, para, para, aquí hay alguien que lo puede enviar” y tapando la bocina del teléfono me hablo muy de prisa:”Che Pablo, llévate ese motor a Retiro, buscas por Transportes Chevalier y le das esta documentación, pero raja, que el autobús sale a las 4”. Salí “a los pedos” (rapidísimo) -como dicen los Porteños (“de voladas” como dicen los Chilangos)-. La estación de Retiro queda a 200 metros de la oficina, pero había que caminar un extra hasta la oficina de Transportes Chevalier.

Mientras estaba en Buenos Aires de Lunes a Viernes la labor era intensa, yo me divertía igual pues si regresaba temprano al hotel no tenía mucho que hacer, los fines de semana eran distintos, tenía un programa que incluía carreras de caballos en Palermo o San Isidro, visitas a la Bombonera a ver al Xeneise (Boca Juniors) o al Monumental a ver al Millonario (River Plate), alguna vez fui a cancha de Atlanta a ver al Bicho de la Paternal (Argentinos Juniors) por entonces con un gran equipo. Largas caminatas por Calle Corrientes, Nicolás Alem, Córdova, Lavalle, Florida, La Estación Ferroviaria de Constitución, Once, etc., etc. A menudo me encontraba con loggers Peruanos que estaban de paso, ya sea de entrada o de salida. Recuerdo juergas memorables con Jorge Soto, Ernesto Candela, Luis Alegría – El Conde – y otros. Esos primeros meses de 1989 la pase en el “Gran Hotel Argentino” en Pellegrini, casi en el cruce con Rivadavia.

Una tarde encontré allí a Duncan, un poco incomodo, pero con su típico acento británico, caballeresco y su humor incomparable, me contaba de su frustración. Duncan solía mover las manos cuando dialogaba, al parecer había pedido que lo cambiaran de habitación porque no le satisfacía la que le habían dado. Me contaba que el gerente del hotel le explico que no podría darle otra, y me decía: “El gerente del hotel me dijo que ellos tienen la suite presidencial, luego viene la clase ejecutiva, luego la clase turista, luego la clase media-baja, clase baja y por último, la clase Exlog”. De seguro que no fue así la explicación, pero así era Duncan de talentoso para hacer reír.

Estando en Lima, Pepito me comunico que pronto tendría que ir para Buenos Aires a un trabajo importantísimo para la Shell, recuerdo que era Agosto de 1989. Al llegar, Rodolfo me facilito un manual de Vissulogger, el sistema de adquisición de datos de Totco que Yo no había visto jamás. Rudolph me dijo que no me preocupara, que en el trabajo estaría Fidel Ituarte, que él conocía todo de ese sistema. Me puse a leer el manual hasta que llego mi compañero de viaje para esa aventura, Christian Hoffman. Iríamos por tierra saliendo de Retiro a eso de las 8 de la noche para llegar a Tostado, Provincia de Santa Fe a eso de las 6:30 de la mañana y de allí por camioneta hasta un pueblito recóndito llamado Villa Minetti, muy cerca de allí se encontraba el pozo de la Shell.

Al llegar al pozo, encontré a Fidel desempacando cajas de cajas con equipo dentro. El sistema de adquisición de datos del Vissulogger, era una caja de acero inoxidable grande y pesadita mas otra no muy grande con el computador. Originalmente el Vissulogger fue diseñado para operar en los Taladros, para controlar el pozo, sin necesidad de cabina de MudLogging, de allí su robustez. Se encontraba también allí, el geólogo de la Shell, Stanley, cordobés él y que unos años atrás había postulado a un puesto como mudlogger en Exlog y Adolfo lo había rechazado porque no le pareció suficientemente ideal para el cargo.

Que paradoja, Adolfo lo rechazo y la Shell lo contrato, al mejor cazador se le va la liebre. Demás está decir que tanto Stanley como el Superintendente del pozo eran muy estrictos. El Superintendente del pozo Mr. Ackermann era alemán, y no se le escapaba ningún detalle, Yo ya le conocía de la operación en Lima. Duncan se refería a él como “Mr. Fuckermann”. Duncan era único. Mientras ayudaba a Fidel a desempacar, encontré el teclado del computador del Vissulogger, una caja tosca a prueba de explosión, no pude evitar comentarle a Fidel: “Fidel, mira, el teclado, en la foto se veía más pequeño”; Fidel no sabía donde meter la cara, entonces no me dijo nada, pero cuando se fue Stanley, me dice: “Negro, que estás haciendo, Yo acababa de decirle a Stanley, que tú eras un experto en Vissulogger y me decís que nunca habías visto el teclado”. Yo le respondí en porteño: “Yyyyyyyyy, que se Yo, que iba a saber que habías hablado con él”.

Al empezar a probar los equipos, tropezamos con el mismo problema que semanas atrás describiera Oscar, el cordobés por la radio en Buenos Aires, no pudo calibrar el peso sobre la broca, el sensor estaba bien, era algo en el sistema. No me quedo otro remedio que levantar la placa que cubría los cables que llevan las señales desde la entrada de los sensores hasta el computador. Al levantar la placa vimos la fuente y una maraña de flat cables – o ribbon cables – y vimos sin lugar a duda un par de ellos quemados, me toco separar los cables quemados y puentearlos, cada ribbon cable estaba compuesto por 18 cablecitos pegados en paralelo. No se lo pudimos ocultar a Stanley, que de inmediato llamo a su jefe en Buenos Aires y este a su vez se quejo a nuestra oficina en Maipú.

La Shell es famosa por pagar muy bien por los servicios que se le prestan, pero se queja muy severamente cuando siente que no se le esta ofreciendo lo mejor, seguramente amenazaron con sacar la Unidad o pidieron que la reemplazaran. No tuvimos alternativa, había que desmontar la caja del sistema de adquisición de datos. Sacamos adelante el sistema, Fidel andaba caliente por la deficiente preparación de la Unidad. Mientras desempacaba un monitor de video, le pregunte: “¿Che Fidel, probaste este Monitor?” el me respondió:” Tiene un sticker que dice ‘Tested Agosto 1989’ “; Yo le respondí: “Si” y el de inmediato me dijo: “No funciona”. Me reí, creí que bromeaba; lo probé y efectivamente, no funcionaba. Más adelante ya mas involucrado con la actividad de los Ingenieros me di cuenta porque las cosas estaban así, y no era todo responsabilidad de ellos.

Comenzó ‘la perfora’ a todo vapor, Stanley pidió las muestras de cutting con muy estrecha frecuencia y llegado a un punto, simplemente Fidel y Christian colapsaron, Stanley las empezó a pedir un poco mas espaciadas. Esos primeros días fueron duros, apenas si dormíamos, pero luego se arreglo, hasta que una mañana en que llego a la Unidad y encuentro a Fidel como loco tratando de resolver un problema, no atino a decirme nada, ya estaba Luis Alegría en el pozo y con su hablar serio, sin dirigirse a mi, dijo:”Lo que sucede es que el Bristol (Sensor de profundidad) ha perdido linealidad y Pablito tiene que arreglarlo” Eso me calentó mucho a mi también, tan solo le pregunte: “¿Sabes tú lo que tiene que pasar para que ese sensor pierda linealidad?” y salí en busca de solucionar el problema. Fueron momentos tensos, pero aun en esa ofuscación, de pronto vi el motivo, todos pasaban por allí y nadie lo había notado.

Fidel no quiso hablar conmigo, cuando le dije que ya sabía dónde estaba el problema me puteo, entonces, yo también lo putie – fue la única vez que nos enojamos el uno con el otro – . La aguja del Bristol hacia la pendiente por un par de minutos y de súbito se levantaba, como si estuvieran sacando tubería, pero en realidad seguían perforando. La manguera neumática que habían corrido hasta el pie de la torre de perforación y que conectaba la botella del Bristol con el panel de la unidad, estaba siendo estrangulada periódicamente por la vibración del standpipe durante la perforación, jale suficiente manguera y la corrí fuera del rango del standpipe, y se acabo el problema.

En esos momentos no me daba cuenta, pero sin darme cuenta había agudizado mi instinto por encontrar soluciones, la confianza en mis conocimientos que aprendí en el África hacia que cada vez que “tirara los dados salieran solo onces y sietes”. No me sentía así, pero estaba como iluminado. Fidel y Yo volvimos a hablar con calma y me dijo que pronto nos volveríamos para Buenos Aires.

Salimos de Villa Minetti hacia Tostado, esperamos el Autobús a Buenos Aires, por el camino me comentaba que otros operadores Peruanos que habían venido a Argentina, habían dejado mucho que desear y que Yo era distinto. Me sentí muy alagado, pero a la vez comprometido. Me di cuenta que Fidel era como Yo, nos gustaba lo que hacíamos y estábamos orgullosos de nuestro trabajo. Nunca nadie nos lo dijo, pero juntos seriamos capaces de encarar cualquier misión. Intercambiamos información personal, le hable de mis hijos, al parar en Rosario compro un juguete – un autobús de juguete de la misma línea que nos llevaba a Buenos Aires – para que se lo llevara a mi hijo. Al llegar a Buenos Aires, Jorge aun estaba golpeado por la puteada que les había dado el cliente unos días atrás por lo de los cables quemados y decía:” Los superman del campo lo pueden todo, los chantas de la oficina somos unos pelotudos”. De todas formas se consiguió lo que se quería, teniendo en cuenta lo difícil del cliente. Fue una aventura linda, Agosto de 1989, parece que fue ayer. Continuara…

(*)Pablo Alcántara es Ingeniero Electrónico, especializado en el área de Instrumentación Industrial en Pozos de Exploración Petrolífera. Trabajó para Minero Perú en Cajamarquilla en 1983, luego desde 1984 hasta 1998 trabajo para Baker Hughes Inteq en todo el planeta; 12 años como Ingeniero de Mud Logging y 3 años como Ingeniero de MWD. A continuación desde 1998 hasta principios del 2007 se desempeñó como Sub Gerente del Departamento de Electrónica de Diversified Well Logging en New Orleans-Louisiana-EEUU. Finalmente en Febrero del 2007 fue contratado como Drilling Specialist en la Cia Sondex LP en Houston-Texas EEUU, donde trabaja a la fecha.